domingo, 5 de febrero de 2012

La alegría y el placer en los animales


Los científicos comienzan a explorar los sentimientos de alegría y placer en los animales no humanos. A medida que avanzan, nos vemos obligados socialmente a reconsiderar nuestros prejuicios hacia el resto de los animales que no son humanos. Es bien posible que si convives con un animal, sepas leer sus expresiones de placer: si has vivido con perros y gatos sabrás cuánto disfrutan de ser acariciados, frotados, tocados; y cómo expresan su placer con ronrroneos, maullidos, quejidos de placer, etc. Muchos nos ven y se tumban, mostrando la panza para decirnos "ven, acaríciame".

Pero hasta el momento no existen muchos estudios que traten el placer en los animales no humanos. Algunos de ellos son muy buenos, y muestran evidencia de que la vida para los animales encierra un gran potencial de gozo y placer. Curiosamente, existen más estudios sobre el dolor en los animales, que no en su capacidad de experimentar placer y goce físico. Esto es un hecho, pues la "ciencia del bienestar animal" en cualquiera de los ámbitos de explotación de los no humanos (experimentación científica, zoológicos, granjas o explotaciones cárnicas o de leche) debe reconocer los signos físicos del dolor y estrés en los animales para no perjudicar los "productos" que obtienen a base de su explotación.

En su libro "The Exultant Ark. A Pictorial Tour of Animal Pleasure", el biólogo Jonathan Balcombe sostiene que el placer es fundamental para la existencia animal. A su juicio, el placer no ha sido suficientemente estudiado por la ciencia, pues ésta mantiene una estrecha perspectiva en la interpretación científica de la existencia de los animales. Los estudios sobre comportamiento animal siempre son analizados desde una persectiva evolutiva, sin discutir las experiencias mentales y emocionales más inmediatas en los animales.

El fisiólogo Michel Cabanac, de la Universidad Laval de Quebec acuñó el término alliesthesia (del griego "percepción del otro") para describir el fenómeno por el que estímulos idénticos pueden ser percibidos como placenteros (o no) dependiendo del estado fisiológico del sujeto. Por ejemplo, cuando Cabanac sumergió la mano de diferentes personas en un cubo de agua fría, ellos dijeron haber sentido placer si sentían calor, y molestia cuando sentían frío. Los animales no humanos también muestra alliesthesia, por ejemplo, en la experiencia de los sabores (placentero cuando tienen hambre, molesto cuando están satisfechos).

Como demostró Darwin, los humanos somos sólo una entre tantas expresiones únicas y maravillosas de la naturaleza: nuestras diferencias con (al menos) otros mamíferos son en grado, no en tipo. Esto es crucial cuando se trata de la sentiencia, pues los humanos no siempre son los más dotados de ella.

Los neurocientíficos norteamericanos Jeffrey Burgdorf y Jaak Panksepp, creen que otras formas de vida experimentan ciertos sentimientos de una manera mucho más intensa que los humanos: 'Cuando mi gata Megan recibe caricias en su panza, parece totalmente absorta en el momento, envuelta en un placer cuya pureza puede ser más difícil de alcanzar para nosotros, pues nuestras mentes se distraen fácilmente con nuestros pensamientos.'

Ya sabemos que muchos animales no humanos tienen sentidos mucho más agudos que los nuestros. Los búhos tienen una excelente vista y oído nocturnos, los tiburones tienen una amplísima percepción química, y los perros un excelente sentido del olfato. En algunos casos, las sensaciones físicas experimentadas por los animales no humanos nos son totalmente desconocidas: ¿Cómo se sentirá orientarse en un vuelo o identificar diferentes tipos de insectos escuchando sus ecos, como hacen los murciélagos? ¿O comunicarse mediante vibraciones, como hacen algunos animales alojados en madrigueras, o sentir el campo magnético de la tierra?

No es sólo una lucha por la existencia

Los avances en nuestro conocimiento y entendimiento de la sentiencia de los animales nos están obligando a reconsiderar nuestros prejuicios hacia ellos. Uno de estos prejuicios es la noción de que la vida en la naturaleza es una lucha implacable y eterna. Frases populares como "las garras y dientes sangrientos de la naturaleza", "comer o ser comido" o "la lucha por la sobrevivencia" refuerzan la impresión de que la vida en la naturaleza es áspera, cruel y sombría. Pero esta es una perspectiva sesgada e inexacta.

Consideremos los comportamientos de sobrevivencia en sí mismos: sólo porque los renos deben emigrar más de un millar de kilómetros para encontrar alimento, o los perritos de la pradera necesitan cavar túneles para evitar la depredación, no significa que no encuentren placer en estas actividades. Algunas actividades dirigidas a objetivos, como muchos comportamientos de sobrevivencia, son deseables para los animales, que necesitan ejercer algún control sobre sus vidas.

Encontrar alimento es uno de los mayores proyectos en la vida de un animal, y muchos de ellos, que viven la desgracia de haber sido confinados, muestran preferencia por tener que ingeniárselas para poder obtener su alimento. En diversos experimentos de comportamiento, las ratas prefieren obtener alimento de dispositivos que requieren su ingenio para extraerlo, en vez de obtenerlo de contenedores de libre acceso.

Pero los animales también viven momentos de ocio. Muchos de ellos satisfacen sus necesidades básicas en una fracción de su tiempo. El primatólogo Robert Sapolsky estima que los papiones de la sabana del Serengeti (Kenia) sólo ocupan cuatro horas diarias para procurarse alimento. El vuelo permite a muchas aves el lujo de satisfacer sus necesidades energéticas en una fracción de su tiempo activo. Es asi como los animales pueden pasar parte de su tiempo en actividades como la limpieza, el juego o el descanso.

Otro prejuicio común es que los animales "de granja" son mucho menos merecedores de nuestra consideración que los animales salvajes. Los cerdos tienen fama de ser sucios, las gallinas de ser cobardes y estúpidas, y las ovejas de seguidoras pasivos. Pero nada es más falso. Estos animales han sido bien estudiados, y ninguno de los prejuicios contra ellos es verdadero. Los pollos, por ejemplo, tienen al menos 30 vocalizaciones diferentes. Algunas son referenciales, es decir, que indican y señalan claramente a otro objeto que forma parte de su ambiente. Los estudios de Chris Evans y sus colegas de la Universidad Macquarie (Australia), demuestran que los pollos entienden los diferentes significados de estas vocalizaciones. Estudios en la Universidad de Cambridge muestran que las ovejas pueden recordar las caras de 50 de sus compañeros de su rebaño de origen, incluso de simples fotografías, dos años después de que hayan cambiado de rebaño. También son capaces de leer las emociones en los rostros de otras ovejas: prefieren acceder a su comida a través de una puerta que tiene la foto de una oveja recién comida (satisfecha) en vez de una puerta con la foto de una oveja hambrienta.

Los animales viven experiencias

El mundo real se hace de experiencias. Por ejemplo, cuando añadimos especias a nuestra comida, no lo hacemos pensando en que el orégano o el curry nos protejerá de microbios intestinales. Especiamos la comida porque mejora su sabor. Similarmente, los animales no son esclavos mecánicos de las adaptaciones evolutivas, ellos también viven experiencias, son capaces de sentir placer y dolor; y por lo tanto nos imponen una consideración moral que no obligará a cambiar nuestras relaciones con ellos, en todo orden de ámbitos, desde la experimentación, los modos tradicionales de alimentarnos, vestirnos, divertirnos a su costa, etc.

Los animales felices y sanos son hermosos a la vista. Nos hacen sonreír, nos dan felicidad, y ello supone un valor para nosotros. Pero el placer tiene un significado mucho más profundo y unas implicaciones urgentes para nuestras relaciones con ellos. El placer añade valor intrínseco a la vida -esto es, añade valor a los individuos que los sienten, independientemente de que ello sea o no valioso para otros. Los buscadores de placer tienen deseos y necesidades, y una vida que merecen vivir. Por ello es urgente replantear nuestros hábitos como sociedad, pues los animales no son autómatas y nos exigen cambiar nuestro yugo en vistas de su liberación.

Fuente: Positive News. Fuente imágenes: Subodev Banerjee, Jen Bowman, Santuario de animales Wings of Heart (Madrid, España)***

*** El Santuario Wings of Heart es un santuario que ofrece una segunda oportunidad a los animales rescatados de la industria de alimentación o de cualquier otra forma de abuso. Su encomiable labor es una de las fehacientes pruebas de que la cooperación, más que la competencia, tiene un rol activo y protagonista en el cambio ético de nuestra sociedad, que ya se cuestiona a grados más comprometidos sobre nuestra relación con los animales no humanos. Puedes seguirlos en su Facebook y unirte a su red de sostenedores y colaboradores, para construir un mundo en que todos los animales, humanos y no, sean importantes.

http://ecosofia.org/2012/01/la_alegria_y_el_placer_en_los_animales.html


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